Bueno, habría que pensar qué se entiende por ‘muerto’ cuando hablamos de una práctica clínica. Cada tanto aparece alguien que decreta la muerte del psicoanálisis basándose en que no tiene la misma cantidad de ensayos controlados que la TCC. Pero eso es como decir que la filosofía está muerta porque no produce papers en Nature. El psicoanálisis opera en otro registro: el de la singularidad del sujeto, el del caso por caso. Lacan decía que el analista se autoriza de sí mismo. Eso no significa que no haya rigor: significa que el rigor es de otro orden. Dicho esto, reconozco que el psicoanálisis tiene un problema con la evidencia empírica que no podemos ignorar. ¿Qué piensan ustedes?
Camila, lo que describes en Chile es muy similar a lo que veo en Perú. En las zonas rurales andinas ni siquiera hay diagnóstico disponible. Un niño con dislexia puede pasar toda la primaria siendo etiquetado como ‘flojo’ o ‘bruto’ porque nadie tiene la formación para identificar la dificultad. Y el argumento de Vygotsky que mencionas es clave: sin mediador, la ZDP se convierte en una brecha insalvable.
Respeto tu posición Martín, pero como TCC tengo que señalar algo: la falta de evidencia empírica no es una cuestión de “otro registro”. Es una cuestión de rendición de cuentas. Si ofrecemos un servicio de salud, tenemos la obligación ética de demostrar que funciona. Dicho esto, estoy de acuerdo en que la TCC a veces peca de superficial cuando trata de protocolarizar la singularidad del paciente. Tal vez el punto medio está en algún lugar entre tu rigor hermenéutico y mi rigor empírico.
Desde la sistémica les digo que ambos (TCC y psicoanálisis) comparten un mismo sesgo: tratan al individuo. El psicoanálisis explora SU inconsciente, la TCC modifica SUS pensamientos. Pero ¿y el sistema? ¿Y la familia? ¿Y el contexto? El síntoma no está EN el individuo: está ENTRE los individuos. Minuchin lo demostró cambiando familias enteras sin tocar el inconsciente ni los pensamientos del paciente identificado.